
En este mismo blog está publicado el poema ALMA AUSENTE, de Federico García Lorca. Y ese poema definía casi radicalmente la forma de ser y de vivir que asumió el Kike como suya.
En estos días, he estado leyendo mucho, investigando, porque me prometí a mí misma reiniciar mis actividades públicas. Y entre ellas, haré un seminario sobre un tema que me suena fascinante: la evolución de las tecnologías de la escritura, desde la tableta de arcilla al e-book y el audio libro. He encontrado mucho e interesante material. Y no puedo dejar de mencionar que en 1995, Robert Michelena me habló de esa posibilidad y yo la consideré irreal.
Por cierto, Roger, hoy día, tiene un blog: http://libreriamichelena.blogspot.com. Porque él pertenece a esos seres especiales, tan especiales y a veces un poco irreales, que son los libreros. Roger Michelena, Angel García, Walter Rodríguez, son libreros. No vendedores de libros simplemente. Es mucho más.
En 1995, me parecía una paradoja y hasta una herejía que Roger, un librero, estuviera pensando en que un device, por decirlo de alguna manera, pudiera sustiruir la magia que brota de la palabra escrita. Pues bien, años después, cuando vi a mi nieta consultar la INTERNET para hacer sus trabajos escolares, entendí que estábamos pasando por una transición muy rápida y que seguramente, a pesar de su velocidad, se mantendrá largamente en el tiempo.
Entonces, preparando estos materiales, que coincidirían con mi cumpleaños y la Semana del Libro, tuve que atravesar por Cervantes y por Shakespeare, dos hitos en lo que se llama con propiedad literatura. Agujeros negros, quizá sería mejor llamarlos, pues sacaron, cada uno en su lengua, posibilidades cada vez más espléndidas y aún inexploradas del todo.
Y este reencuentro con Cervantes, me llevó, de una cosa a otra, al poema de García Lorca que define al Kike y al epitafio del Quijote... Y me dije: qué maravilla haber compartido una parte de mi vida con un hombre así.
Tal vez sus muchos años en España, donde recibió educación y absorbió cultura. Y, particularmente, en Málaga, que es como el corazón de Andalucía, a mi propio saber y entender, aunque no sé nada. Por eso fue novillero a los quice años. Por eso, fue corredor de automóviles en su plena juventud. Por eso, buscó el peligro. Por eso, al volver a Venezuela, fue un hombre tan telúrico, requisito indispensable para ser el señor de La Gabriela y Valle Lindo y que lo ayudó a soportar el peso del ocaso, que, con ser tan hermoso en aquellos rumbos, no lo salvarían del desamparo, la soledad, la tristeza. Íngrimo, en aquella inmensidad. Considerado loco por muchos, pues todo lo tuvo y todo lo lanzó a los aires.
En el Quijote encontré dos textos. Veamos uno:
Rompí, corté, abollé, dije y hice
más que en el orbe caballero andante;
fui diestro, fui valiente, fui arrogante;
mil agravios vengué, cien mil dishice.
Hazañas di a la fama que eternice,
fui comedido y regalado amante;
fue enano para mí todo gigante,
y al duelo en cualquier punto satisfice.
Tuve a mis pies postrada la fortuna,
y trajo del copete mi cordura
a la calva ocasión al estricote.
Mas, aunque sobre el cuerno de la luna
siempre se vio encumbrada mi ventura
tus proezas envidio, ¡oh gran Quijote!
Lo leí y lo entresaqué, pero no tuve el cuidado -terrible descuido en mi caso- de colocar la fuente. Porque estaba emocionada pensando en cómo esas palabras, esos versos, coincidían con la personalidad de Enrique.
Y todavía en el ámbito de esa emoción, llegué al epitafio:
Yace aquí el hidalgo fuerte
Que a tanto extremo llegó
De valiente, que se advierte
Que la muerte no triunfó
De su vida con su muerte.
Tuvo a todo el mundo en poco;
Fue el espantajo y el coco
Del mundo, en tal coyuntura,
Que acreditó su ventura
Morir cuerdo y vivir loco.
Mucha gente ha opinado, ha dicho, ha enjuiciado, la vida de Enrique Carnevali, destacando cómo vivió en la abundancia y cómo murió en la pobreza. A muchos escuché reprocharle su -decían- irresponsabilidad. Y la respuesta es ésta, tan sencilla. Simplemente, fue un ser quijotesco al extremo. Buscador de aventuras, desfacedor de entuertos. Quizá halló el yelmo de Membrino. Quizá luchó contra molinos de viento en los que él veía gigantes. Quizá fue engañado en alguna posada. Quizá convirtió a una posadera, una simple maestrica de escuela, en una Dama llamada Dulcinea. Pero lo hizo dentro de una muy honda honestidad.
Porque no se supo vender, ni se enquistó en las grietas del poder. Vivió como si cada día fuera el último, ciertamente. Y sí, hizo daño. Pero ¿quién no? Mi madre decía que la canción que me definía era My Way, de Sinatra. Y hay muchos que pregonan sus errores con la ranchera donde siempre se sigue siendo El Rey, con dinero o sin dinero.
A la hora de su muerte, estaba leyendo la biografía de Magallanes, escrita por Stefan Zweig. Y yo veía cómo iba aquietándose, cómo prefería ya el encierro en el chalet de Minifincas a cualquier otra cosa. Las conversaciones largas que teníamos, la gelatina y el helado de fresa que tanto le gustaban.
Y bien. Eso tuvo. Una amiga me estaba animando a que escribiera mis experiencias con el Kike en forma de novela. Pero ¿cómo poner por escrito esa intimidad, el juego de Patricia y Leticia, las enteras noches de ópera?
En una novela, el personaje tendría necesariamente que ser él, pues su vida fue tan inmensamente quijotesca que...
Ese ser humano llamado Enrique Carnevali y Villegas, hoy día en la paz de Dios, sus huesos reposando en la tierra de Clarines, fue más que mi esposo. Fue la encarnación de un sueño. Y pasará mucho tiempo antes de que nazca, si es que nace, un andaluz tan puro como él.
miércoles 15 de abril de 2009
LIBROS, TIEMPOS Y SEÑALES
Publicado por
Milagros Mata Gil de Carnevali y Villegas
Etiquetas: Cervantes y Shakespeare, Libreros, Libros, Morir cuerdo y vivir loco, Quijote en 15.4.09
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1 comentarios:
¿Su Dulcinea?..."Una simple maestrica de escuela"...SI ESCRIBE ASI, NO LO CREO
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